Niñas, niños y adolescentes en instituciones de cuidado

 

Si querés saber más sobre los derechos de los niños, niñas y adolescentes sin el cuidado de sus familias, podés escuchar esta entrevista con Cuestiones de Infancia Radio y ver mi charla TEDx.

 

El 8 de marzo de 2017, Guatemala estaba de luto por la muerte de 41 niñas en una institución de cuidado, paradojalmente llamada “Hogar Seguro” (Virgen de la Asunción). Esta tragedia, que pudo haberse evitado, sucedió a consecuencia de que un grupo de niñas en confinamiento hubo prendido fuego a unos colchones para reclamar las condiciones de hacinamiento, la falta de comida adecuada, la violencia y abuso sexual por parte de las autoridades del “Hogar”.

En febrero de 2020, 15 niños haitianos murieron trágicamente en Puerto Príncipe cuando la institución en la que vivían, dirigida por una iglesia evangélica estadounidense, se incendió durante uno de los apagones usuales de la ciudad. Años antes, las autoridades haitianas habían declarado que esta institución no era apta para alojar a los niños debido las condiciones insalubres y el escaso número de empleados calificados.

La mayoría de estos niños, niñas y jóvenes no eran huérfanos; de hecho, tenían familias que los querían y que lloraron su pérdida. Si se hubiera ofrecido un apoyo monetario y orientación psicológica a sus familias o comunidades, en la mayoría de los casos, pudieron haber permanecido en casa (con otros parientes o con sus vecinos).

Actualmente, se calcula que entre 3 y 8 millones de niños al rededor del mundo viven en instituciones y otras formas de cuidados alternativos fuera de la familia públicas y privadas (Informe de las Naciones Unidas sobre la violencia contra los niños, 2006). Esta «crisis global de los orfanatos» tiene terrible consecuencias sobre las vidas individuales de los niños que viven en instituciones y, a largo plazo, sobre sus comunidades.

 

Si gustas conocer más sobre cómo ayudar a prevenir la violencia contra de los niños en instituciones y mantener a las familias unidas, mira mi charla TED (con subtítulos en español):

 

¿Por qué hay tantos niños que crecen en instituciones si se sabe que son malas para ellos?

 

En muchos países del Sur Global (y algunos del Norte Global como Rusia) transferir el cuidado de los niños de sus familias a una institución es una respuesta común de los gobiernos ante las problemáticas sociales y crisis familiares que afectan al entorno de los niños.

Muchos gobiernos y ONGs ven a las instituciones de cuidado como una solución viable cada vez que un niño enfrenta una crisis familiar, cada vez que su familia es discriminada por pertenecer a una minoría étnica o no tiene recursos para cuidar de un niño con discapacidad o dificultad del aprendizaje.

Muchas veces, la extrema pobreza, la falta de atención médica y de acceso a comida y educación, la marginación social, agravan estas circunstancias familiares problemáticas, y las familias pueden pensar que una institución de cuidado promete una vida mejor para sus hijos.

En consecuencia, hay millones de niños creciendo en instituciones de cuidado.

 

¿Por qué la institucionalización es tan dañina para los niños?

 

Los y las que trabajamos para el cumplimiento del derecho a vivir en familia, sabemos con base en estudios científicos realizados desde 1950) que la falta de cuidados y protección adecuados disminuyen las posibilidades de los niños de desarrollarse y aprender. Por eso mismo, la Convención de los Derechos de los Niños adoptada por las Naciones Unidas en 1989 corrobora la importancia de crecer en una familia para el bienestar emocional y físico de los niños.

Crecer en una institución, lejos de una familia, dificulta el desarrollo cognitivo, psicológico y social de los niños pequeños (por ejemplo, por cada año que un niño menor de 3 años vive en una institución pierde cuatro meses de desarrollo). Además, los niños que crecen en instituciones están seis veces más expuestos a la violencia física, en comparación a los niños que viven con en cuidados alternativos en familias (UNICEF, campaña #hablapormi).

A largo plazo, la política de internar a los niños en instituciones contribuye a reproducir el ciclo vicioso de pobreza y marginalización en el que las familias y comunidades de estos niños se encuentran en vez de promover políticas de bienestar social para sus cuidadores.

En el caso de las macro-instituciones, en las que los niños van a la escuela y realizan todas sus actividades de tiempo libre dentro de la institución, los niños se ven expuestos a largos periodos de aislamiento social y poco contacto con sus familias. En consecuencia, los niños sufren de un desapego de la sociedad y al egresar de las instituciones, muchos jóvenes no cuentan con una red de apoyo social  y comunitario, lo que dificulta su transición hacia la vida adulta.

En opinión de un director de un  “hogar” panameño:

“Se consiguen resultados de integración a la larga pues no muy buenos, pero normales (…) la mayoría son historias de personas que han salido del internado y que son capaces de crear un familia y luchar en la vida a los niveles que la sociedad les permite, porque todos ellos pertenecen a un clase social que nunca consiguen lo que merecen (…) Aunque también contamos con historias ya de digamos éxito profesional: tenemos historias de muchos maestros, de profesores, de algunos abogados (…),no son muchos.”

 

¿Qué se debería hacer para mantener unidas a las familias?

 

Debido a que se trata de una problemática de justicia social, el confinamiento de los niños en instituciones de cuidado puede ser resuelto de forma sostenible solo por medio de políticas sociales. Que los niños  y niñas crezcan en un entorno seguro y cariñoso, será una realidad cuando el derecho de todos los niños a vivir en familia se convierta en una prioridad en las agendas de nuestros gobiernos.

Las masacres de Guatemala y Haiti son dos manifestaciones extremas de los efectos negativos de la institucionalización, pero nos recuerdan: que crecer en una familia es muchas veces mejor que crecer en una institución.

Inclusive instituciones bien intencionadas y propiamente abastecidas,  en donde los niños viven en condiciones materiales adecuadas por un  corto plazo, pueden ser nocivas para ellos, sus familias y sus comunidades a la larga.

Como lo explica el director del  “hogar” panameño:

“Hicimos un encuentro con 60 exalumnos, a la que acudieron algunos con sus hijos, algunos con sus nietos. Todos coincidieron en que ‘lo que tenían en la vida se lo debían al hogar’…Pero cuando les preguntamos ‘bueno, y alguno de ustedes traerían a su niño aquí?’, la respuesta era un rotundo ‘no’, o ‘mientras yo pueda cuidarlo, no’. Entonces esto significa que no es tan bueno, porque si fuera mejor que la familia, ellos traerían a sus hijos a que se eduque aquí’, pero no lo harían.”

 

¿Qué puedes hacer tú para ayudar?

 

Si quieres ayudar, infórmate acerca de las organizaciones que trabajan en pos del cambio del uso generalizado de la institucionalización al cuidado en familia desde una perspectiva de los derechos de los niños. Si te es posible, elige hacer donaciones y ayudar a este tipo de organizaciones, en vez de otras que mantengan “orfanatos”.

Si estás pensando en tomarte un año sabático o hacer un tipo voluntariado  durante tus vacaciones, evita participar en un orfanato. En vez de esto, conoce las alternativas y elige lugares y actividades que se ajusten a tus conocimientos y habilidades, para que esta experiencia tenga un impacto positivo en las vidas de los niños y sus comunidades.

 

Si te gustaría que escriba sobre un tema en particular o tenés una pregunta, contáctame. También te invito a completar mi test de 5 minutos (4 preguntas) para ayudarme a conocer los aspectos de tu trabajo que te gustaría mejorar y así escribir sobre estos.

 

¡Muchas gracias por leer y compartir este artículo!